Dirección financiera parcial: cuándo encaja un CFO fraccionado
Hay empresas que necesitan un director financiero. Y hay empresas que necesitan criterio financiero de nivel director dos días a la semana.
Hay empresas que necesitan un director financiero. Y hay empresas que necesitan criterio financiero de nivel director dos días a la semana.
Buscar "responsable de mantenimiento sector alimentario" o "ingeniero de procesos automoción" devuelve resultados de sobra. El problema nunca es la cantidad. Es la calidad: quien tiene hoy el perfil exacto que necesitas, con la experiencia concreta en tu tipo de planta y tu tipo de proceso, probablemente lleva meses sin tocar su perfil profesional y no está registrado con las palabras clave que un algoritmo espera encontrar.
Elegir a un director general o financiero activa un proceso riguroso: mandato claro, criterios definidos, a menudo un consultor externo que aporte objetividad. Elegir a un consejero, no. Basta una recomendación de confianza, una relación previa, un nombre que "encaja bien" sin que nadie explique muy bien por qué.
La figura del interim manager se asocia casi automáticamente a la urgencia: una salida inesperada, una crisis que hay que estabilizar, un vacío de liderazgo que no puede esperar a un proceso de selección ordinario. Y en efecto, ese es uno de sus usos más habituales y más valiosos.
Toda operación de fusión o adquisición pasa por una due diligence financiera, legal y fiscal, exhaustiva. Se revisan las cuentas, los contratos, los pasivos ocultos, el cumplimiento normativo. Se contratan auditores, abogados y asesores fiscales para que no quede ningún riesgo sin identificar antes de firmar.
Cuando una empresa industrial anuncia una gigafactoría o una gran inversión, la noticia se lee en clave de creación de empleo y competitividad territorial. Rara vez se lee desde el lado de quien ya tiene esos perfiles contratados: cada proyecto de esa magnitud es también una oferta implícita a los perfiles de ingeniería y mandos técnicos que hoy trabajan en empresas más pequeñas o menos visibles, con salarios que llevan tiempo sin revisarse.
Las empresas del IBEX 35 llevan años demostrando algo que muchas compañías industriales españolas ya intuyen: crecer en el exterior se ha convertido en una de las principales vías para ampliar el negocio. En 2025, los mercados internacionales aportaron aproximadamente el 65% de la facturación agregada del índice, una proporción que se mantiene desde hace años en torno a dos tercios del total. La lógica es la misma para una empresa industrial de tamaño medio que decide abrir una filial en otro país: el mercado español, por sí solo, se ha quedado pequeño para el plan de crecimiento.
Hay decisiones directivas que una empresa puede anunciar el mismo día en que se toman. Y hay otras que, si se conocen antes de tiempo, hacen más daño que el propio problema que las motivó. La sustitución de un directivo clave suele estar en esta segunda categoría, y es precisamente ahí donde más empresas se equivocan en la forma de gestionarlo.
Hay una pregunta que casi ningún comité de dirección se hace después de tomar una decisión importante: ¿alguien en la sala pensaba distinto y no lo dijo?
Cuando un mando intermedio o un directivo amenaza con irse, la reacción más habitual es la misma en casi todas las empresas: subir el sueldo lo suficiente para que se quede. Es una decisión rápida, parece razonable y, sobre el papel, resuelve el problema esa misma semana.