El titular es de los que invitan al optimismo macroeconómico: "España toma el control de su defensa: la industria nacional ya gestiona seis de cada diez euros del gasto militar". Como sociedad, celebramos la soberanía tecnológica; como profesionales de los recursos humanos que operamos en el sector industrial, sin embargo, el titular nos genera una pregunta inquietante
Tras años conectando el talento cualificado con proyectos industriales complejos, observamos que el sector defensa español se enfrenta a una paradoja peligrosa. Tenemos la financiación, tenemos la voluntad política y tenemos los proyectos de vanguardia, pero nos falta el recurso más crítico y, lamentablemente, el más lento de "fabricar": el talento especializado con ADN de defensa. Esta preocupación es global y estructural; según la OECD, más del 60% de las compañías del sector identifican la escasez de talento como su principal riesgo a futuro.
El incremento del gasto militar ha activado una maquinaria de selección de personal que está tensionando las costuras de los departamentos de personas. No estamos ante una captación convencional; estamos ante una economía de guerra por el capital humano.
Históricamente, el sector defensa era un nicho estanco. Hoy, al hibridarse con la IA, la computación cuántica y la aeronáutica avanzada, ha salido a "cazar" a los mismos caladeros que las Big Tech o la automoción premium. La consecuencia es una inflación de expectativas y una rotación que el sector, acostumbrado a ciclos de proyecto de 20 años, no siempre sabe gestionar con una gestión de talento tradicional.
Uno de los grandes desafíos que detectamos en Servitalent es la colisión cultural. Las nuevas generaciones de profesionales, acostumbradas a la transparencia, la movilidad y el job-hopping, chocan frontalmente con un sector que exige Habilitaciones Personales de Seguridad (HPS), compromisos de confidencialidad férreos y una jerarquía técnica muy marcada.
Aquí es donde la estrategia de RRHH debe dejar de ser administrativa para ser antropológica.
La idea de que trabajar en defensa no es fabricar armas, sino proteger el marco de convivencia y liderar la autonomía tecnológica de un país.
Hay un problema muy evidente y del que se habla poco: el efecto aspirador de las grandes compañías tractoras. Cuando una gran empresa nacional recibe un contrato milmillonario, su primera reacción es captar el talento de sus propios proveedores.
Esto representa un riesgo sistémico. Si las PYMES industriales —el tejido que realmente sostiene la fabricación en muchas CC.AA. en España— se quedan sin sus jefes/as de taller o sus ingenieros/as de calidad, la cadena de suministro se rompe.
Las grandes empresas deben asegurar que sus proveedores cuenten con equipos sólidos.
Es necesario evitar que los plazos de entrega del 60% del gasto militar español se conviertan en papel mojado por falta de personal operativo.
La consultoría de recursos humanos debe actuar como puente para equilibrar estas necesidades.
La soberanía nacional no se mide solo en el número de fragatas o blindados que podemos construir, sino en la capacidad de nuestras organizaciones para detectar, atraer y, sobre todo, fidelizar el conocimiento.
En estos 12 años en Servitalent, algo hemos aprendido: en el sector industrial, el talento es como la tecnología de defensa: tarda años en desarrollarse y segundos en perderse. Si no ponemos la gestión de personas al mismo nivel de prioridad que la ingeniería de producto, el éxito financiero de nuestra industria de defensa será, lamentablemente, efímero.