Elegir a un director general o financiero activa un proceso riguroso: mandato claro, criterios definidos, a menudo un consultor externo que aporte objetividad. Elegir a un consejero, no. Basta una recomendación de confianza, una relación previa, un nombre que "encaja bien" sin que nadie explique muy bien por qué.
La asimetría es llamativa. El consejo de administración toma decisiones de calado equivalente al comité de dirección: aprueba la estrategia, supervisa al equipo ejecutivo, tiene la última palabra en lo importante. Ahí está el punto ciego que resuelve el board search de consejo de administración, bien aplicado.
Parte de la explicación es histórica. En muchas empresas, especialmente familiares, el consejo se construyó con socios, familiares o personas de máxima confianza, y nunca hizo falta un proceso externo. Funcionó, mientras la empresa y sus retos cabían en ese círculo cercano. El problema aparece cuando la empresa crece, se internacionaliza o afronta retos (digitalización, sostenibilidad, una operación corporativa) para los que ese círculo cercano no tiene la experiencia necesaria. Ahí el consejo necesita algo que la confianza personal no garantiza: conocimiento específico y mirada externa.
Un consejero elegido solo por confianza personal no deja de ser válido. Pero tiene un límite: su capacidad de cuestionar decisiones depende de la relación previa con quien lo propuso. Es comprensible, y es justo lo contrario de lo que un consejo necesita para valorar con independencia una decisión estratégica compleja o una operación de riesgo.
Un Board Search bien planteado identifica qué conocimiento o qué red de contactos le falta hoy al consejo, más allá de llenar un asiento vacío. Y encuentra a la persona que puede aportarlo con independencia real, no solo sobre el papel.
Muy pocos consejos pasan por un proceso de evaluación tan riguroso como el de su comité de dirección. En Servitalent aplicamos a la búsqueda de consejeros el mismo rigor metodológico que a la búsqueda de alta dirección.
Esa independencia es justo lo que un consejero de confianza personal, por bien intencionado que sea, tiene más difícil de ofrecer: cuestionar decisiones sin el peso de una relación previa que condiciona la conversación.
Los criterios cambian frente a un puesto ejecutivo. Importa menos la gestión diaria que el criterio estratégico, la experiencia en gobierno corporativo y la capacidad de aportar una perspectiva que hoy no está en el consejo: sectorial, internacional, o ligada a un reto concreto como la digitalización o la sostenibilidad. El proceso incluye además verificar con rigor su trayectoria y su reputación, porque un consejero problemático puede generar un daño reputacional muy superior al de un mal fichaje ejecutivo. La verificación de antecedentes no es opcional: un consejero representa a la empresa ante terceros, inversores y reguladores, y cualquier antecedente no detectado se convierte en un riesgo compartido desde el primer día.
No toda incorporación al consejo necesita el mismo nivel de proceso. Tiene sentido en tres momentos:
Cuando la empresa afronta una operación corporativa relevante y necesita experiencia específica
Cuando entra en un mercado o sector nuevo que el consejo no conoce
Cuando quiere dar el paso hacia una gobernanza más profesionalizada, de cara a inversores, financiadores o a un proceso de sucesión.
Esto no significa prescindir de la confianza. Un consejo bien construido no elimina a los consejeros de confianza cercana a la propiedad: los complementa con perfiles seleccionados por competencia específica. Cada silla debe aportar algo concreto y verificable, ya sea relación de confianza o conocimiento experto en un ámbito que el consejo necesita reforzar. Ambos criterios pueden convivir, y cuando conviven de forma explícita, el consejo gana en calidad de deliberación sin perder cohesión.
La idea de fondo es esta: una empresa que da el salto a una gestión más profesionalizada no puede dejar fuera al órgano que, formalmente, tiene la última palabra sobre su estrategia. El consejo de administración merece el mismo nivel de exigencia que cualquier otra decisión directiva de la empresa.
En Servitalent creemos que profesionalizar el gobierno corporativo empieza aquí: tratar la selección de consejeros con la misma seriedad metodológica que cualquier posición de comité. Comprobar con método que la confianza depositada en cada consejero está bien fundada, y complementarla con el conocimiento específico que el consejo necesita para el reto que tiene por delante.