Cada año se invierten horas, presupuesto y expectativa en un assessment directivo. Y en la mayoría de los casos, ese esfuerzo termina teniendo cero impacto en la decisión que se suponía debía informar.
La calidad del assessment casi nunca es el problema. Lo que convierte una herramienta potente en un ritual burocrático es evaluar sin cambiar el proceso de decisión que viene después.
Casi ninguna organización decide de forma explícita hacer un assessment para después ignorarlo. Se llega a ese resultado de forma progresiva, casi sin darse cuenta:
Hay una pregunta sencilla que revela si un assessment directivo está aportando valor real o solo cumpliendo un trámite: ¿alguna vez sus resultados han cambiado una decisión que, sin ellos, se habría tomado de otra manera?
Si la respuesta es "nunca", el problema está en el lugar que ocupa el assessment dentro del proceso de decisión, no en la herramienta en sí. Un assessment que siempre confirma lo que el comité ya pensaba no está evaluando nada: en el mejor de los casos da tranquilidad, y en el peor da una falsa sensación de rigor a una decisión que en realidad se tomó por otros motivos.
Si en tu comité de dirección nunca un assessment ha cambiado el rumbo de una decisión, probablemente el problema esté en el proceso, no en la herramienta.
El coste de un assessment mal aprovechado no es solo económico, aunque el propio proceso tiene un coste real en tiempo y recursos que se desperdicia si no influye en ninguna decisión. El coste más importante es de oportunidad: la organización sigue promocionando, contratando o desarrollando personas con los mismos criterios de siempre, mientras cree, de buena fe, que está tomando decisiones basadas en datos.
Esto es especialmente costoso en decisiones de promoción interna a posiciones directivas, donde el coste de un error no se limita a la persona promocionada, sino que afecta a todo el equipo que pasa a depender de ella.
Para que un assessment deje de ser un ritual y se convierta en una herramienta de decisión real, hace falta un cambio de enfoque en tres momentos del proceso:
Un assessment directivo que nunca genera una conversación incómoda probablemente no se está utilizando con la profundidad necesaria. Su valor real aparece precisamente en los casos límite: cuando los datos apuntan en una dirección distinta a la que el comité tenía en mente, y la organización tiene que decidir si confía en esa señal o la descarta.
El equipo de Servitalent lleva años diseñando procesos de assessment directivo pensados justo para ese momento límite: el informe no está para tranquilizar al comité, está para darle la información que necesita, incluso cuando incomoda.